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AL DESPEDIRSE PENSÓ EN LA EDUCACIÓN :

Como la vida es precaria en lo general, y con mayor razón desde que va uno a esponerla a cada rato, en haras de la patria, en una guerra justa, pero que será sangrienta y prolongada, no quiero salir a campaña sin antes hacerte, por medio de esta carta, varios encargos, principiando por el primero que consiste en suplicarte me otorgues tu perdón por si creyeras que yo te hubiera ofendido intencionalmente.

El segundo se contrae á pedirte atiendas con sumo esmero y tenaz vigilancia la educación de nuestros hijos idolatrados.

Para lograr este esencial encargo debo avisarte, o mejor dicho recomendarte que todo lo poco que dejo de fortuna, se emplee en darles toda la instrucción que sea posible; única herencia que siempre he deseado dejarles. Esta es pues mi única y última voluntad, que te ruego encarecidamente observes con religiosidad; si es que la súplica de un muerto puede merecer algún respeto.

Todo lo que poseo de fortuna, adquirida honradamente; está reducida a lo siguiente: Veinte y cinco y pico mil soles en cédulas del Banco Hipotecario. Treinta y un mil trescientos soles, en cédulas de la deuda interna .

Cuatro acciones de a mil soles cada una del Banco Nacional del Perú. Mil soles con sus respectivos intereses en poder de la Casa de Canevaro; al mismo que le soy deudor de dos cientas libras esterlinas que le pedí para Anita Quezada, cuyo documento firmado por mi se cumple en Diciembre de este año. (…)

Me lisonjea la idea de que al separarme de este Mundo, tengan mis hijos un pan que comer; pues no dudo que la Nación te otorgue por lo menos mi sueldo integro; si es que muero en combate. Nada más tengo que pedirte, sino que me cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre. Con un abrazo eterno se despide tu infeliz esposo .

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