Ni a martillazos

Todavía queda fresca en la memoria el sábado 4 de abril, en el que se regó como polvareda pucallpina, los primeros casos que dieron positivo a la COVID-19 en los establecimientos de salud de la ciudad. Dejamos el invicto y tuvieron que dejar el letargo las autoridades cuando en las redes sociales difundieron a priori, con foto y todo a los primeros en contraer el virus. Aseguro que ese día ha marcado un hito en contra a la gestión de Francisco Pezo.

Los internautas le increpaban, le retaban que salga a oficializar el trascendido. Y el “0 casos” se convirtió con su propia voz timorata, el domingo 5, en tres casos positivos a los que por varios días la Dirección Regional de Salud les llamaba “casos probables con prueba rápida” y recién los oficializó el 6 de abril; tres días después, los positivos con pruebas rápidas subieron a doce. Por esos días apuraban los acabados del Centro COVID, esa era la noticia oficial a pesar que se nos venía encima la pandemia; ya el 11 de abril reportaba Salud cinco hospitalizados por coronavirus.

El 15 de abril se registraron los dos primeros fallecidos y cuarenta y nueve personas que dieron positivo al mal. Cuatro días después los infectados sumaban ciento veinte y cinco los fallecidos. Los hospitales simplemente colapsaron mientras iban ajustando las tuercas de las camas del centro COVID, sin equipamiento aún. El gobernador dio su pésame a las familias, agregando “y decirlos al pueblo de Ucayali estamos trabajando para mitigar los daños de esta pandemia…” Un día antes se había dado la primera alta victoriosa en EsSalud.

Ya la población desbordaba en críticas, lamentos y echando la culpa; llegó un alto comisionado de Lima ante la muerte del excongresista Glider Ushñahua, quien al igual que decenas de ucayalinos buscaba atención y no la encontraban desde entonces. La noticia sonó a trueno, mientras el gobernador no encontraba brújula y con cada aparición pública, le iba de mal en peor.

Desde aquel fin de semana que llegó fugaz, los infectados con el coronavirus en Pucallpa y alrededores se elevó como la espuma y, hasta la noche de ayer miércoles exponencialmente, serán 1200 los infectados, todo un record en 33 días de puro contagio y conteo de féretros que se recogen por toda la ciudad.

El 20 de abril se conformó el Comando Regional de Operaciones COVID-19 con hospitales y centros de salud en cuarentena, todos atendían pacientes infectados. El jefe del servicio advirtió: de cada diez que ingresen por necesidad de un ventilador, ocho morirán. Mientras el jefe del Comando COVID indicó que a la cifra de infectados se le debería multiplicar por tres; a estas alturas no nos queda duda de la certeza de ambos mensajes. Llegaron cambios y renuncias, en estos días es como un empezar de nuevo en las

Tan solo tres días más, el 22 de abril, ya sumaban doscientos diez los infectados y diez los fallecidos, cuarenta y uno los hospitalizados y dos las personas dadas de alta. Abismales diferencias. Cerrándose el mes de abril con 720 pacientes COVID y 43 fallecidos.

El 4 de mayo, a un mes de los primeros casos presentados, ya se sobrepasó el millar de enfermos y los 60 entierros de cuerpos que van apilados en camiones. Ya abarcan los enfermos las tres provincias ucayalinas. Solo queda libre la alejada Purús, aunque no sus ciudadanos en el albergue en Pucallpa.  En 30 días los casos positivos se incrementaron en 344%, un subregistro  no considerado son los que prefieren quedarse en casa y curarse en familia.

En este mes y tres días contando hospitalizados, muertos y asintomáticos, todo ha cambiado en Ucayali, la pandemia se ha disgregado, no alcanzan las pruebas para hacerlas en los mercados ni al personal edilicio y otros que siguen laborando en primera línea y sigue faltando todo en los establecimientos de salud.

Aquí los martillazos no han dado efecto, la curva demoró un par de semanas en aparecer, pero ni una comba ya lo detiene, la actitud de la población y el sistema de salud ‘el de siempre’, sin ninguna previsión es lo que nos está llevando a la desesperación y las autoridades creen que confinándonos en casa más días, hará posible frenar esta situación; por ahora, la convocatoria del gobernador no ha tenido respuesta.

El enemigo invisible y letal avanza, piden confinamiento todo mayo y toque de queda o aislamiento desde el jueves hasta el domingo. Ya es tarde, el mismo gobierno saca a las calles a la gente para cobrar bonos y no alcanza, ha sacado al personal edil a repartir alimentos, nada cuadra, nada lo contiene. Se impuso horarios en mercados, panaderías, grifos y boticas, pero hasta la seis de la tarde todos salen, por uno u otro motivo. Mientras tanto, la gente se procura sus remedios caseros, mientras se disparan los precios de medicamentos básicos, es tiempo del ingenio antes que morir en la puerta de un hospital. La cura se hace cara de esta enfermedad. 

El martes, tras 51 días de cuarentena, respondió Vizcarra a quienes piden más tiempo de confinamiento: “El futuro está en nuestras manos, para hacer caso, tengo que tener policías y militares en las calles, ahí ya no salgo. Nos engañamos; por qué no relacionamos el número de personas fallecidas con el número de personas en la calle, esa es la verdadera relación. Derrotar la enfermedad depende de nosotros”. Cuánta razón.

YRIS SILVA ORBEGOSO