Mártires

Lamentable es sufrir la pérdida de un ser querido y sobre todo en estas circunstancias en que los protocolos imponen drásticas e inhumanas medidas en lo que a los deudos se refiere, ya que no se permite realizar el velatorio y todo el ritual para despedir al ser amado que ya no está.

Muchos familiares de aquellos que vienen cayendo víctimas de la pandemia se enteran que estos fallecieron incluso un par de días después cuando ya fueron enterrados sin ningún tipo de ceremonia como se acostumbra en épocas normales.

Ayer tuvimos dos lamentables pérdidas para el sector que viene luchando en primera línea contra esta enfermedad y sin las armas reglamentarias se podría decir, ya que las autoridades de salud se demoraron en equiparlos con lo indispensable para evitar el contagio y estas dos muertes vienen a ser el fiel reflejo de esa desidia imperdonable.

Es por ello entendible la dolida carta remitida por la madre de uno de los médicos abatido por el coronavirus al presidente Vizcarra y al ministro de salud a quienes culpa por su indolente falta de reacción por lo sucedido, la pérdida del menor de sus hijos ya que no les dieron las atenciones preferentes que ellos se merecían por estar arriesgando la vida al enfrentar la pandemia sin los medios adecuados.

Ucayali suma con ellos a dos mártires que cayeron luchando contra este enemigo que en poco más de dos meses vino a cambiar la vida de todos los peruanos y a acabar con la vida de otros tantos, entre ellos la de muchos que enfrentaron al virus con la fuerza que les daba esa vocación de servicio para con el prójimo, defendiendo su vida aún a costa de la suya propia.

Que vivan por siempre estos mártires de la salud, en nuestra memoria y en nuestros corazones.