Sabotage Inhumano

Fue uno de los gestos más resaltados tanto a nivel nacional como internacional el que nuestros vecinos de Iquitos, a través de sus clérigos, iniciaron una colecta para emprender una planta de oxígeno que sigue siendo tan necesaria en dicha ciudad debido al desborde de los casos de contagios que trajo como consecuencia la enorme demanda de este elemento y muchos morían por la falta de ello.

Se logró recaudar más de lo propuesto, más de tres veces la cifra inicial según comentó el sacerdote que encabezaba esta cruzada e inmediatamente se pidió la ayuda del gobierno para trasladar e instalar dicha planta de oxígeno lo más pronto posible en la ciudad loretana.

Con ello se pensaba que ya todo estaba solucionado con el tema del oxígeno y de esta manera se iban a evitar muchas muertes pero al parecer no contaban con un factor maligno. No se puede llamar humano a algo así. Algo así solo se puede catalogar de algo diabólico.

El padre Fuertes, quien es el encargado de manejar esos fondos recaudados, dio cuenta de que hay ciertas circunstancias inauditas en este tiempo de pandemia que viene sucediendo en la tan ansiada planta de oxígeno ya instalada y que misteriosamente viene sufriendo una especie de sabotaje para no seguir operando. De día funciona normal, pero en las noches suceden cosas de tal manera que al día siguiente no pueden operar porque algo se rompió o malogró.

La denuncia del sacerdote es muy grave, porque no nos cabe en la cabeza que alguien haga eso con la intención de paralizar una planta que está destinada a salvar miles de vidas, a satisfacer una necesidad tan valiosa como lo es la vida.

Al parecer, la existencia de esta planta de oxígeno fue a malograr el negocio del acaparamiento de este vital elemento y en ello estarían involucrados ciertos personajes ligados al entorno del gobierno regional. Habrá que investigarse y que se lleguen hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga porque esto no se debe permitir.

Solo esperamos que ello no vaya a ocurrir en Ucayali, sería más que inaudito pero en esta villa del señor, existe de todo.

FERNANDO SÁNCHEZ RENGIFO