EL KIT DEL TRISTE ASUNTO

Al informar sobre las consecuencias de vivir en medio de mesetas y curvas que suben o en mejores casos se mantienen, como efectos del nuevo coronavirus que sacude a nuestro país, de ninguna manera podemos dejar pasar por alto algo más obscuro e invariable, nos referimos a la violencia que padecen las niñas durante el encierro obligatorio o en su círculo más cercano.

Diversas organizaciones han develado las cifras, en medio año ocurrieron 358 partos de niñas violadas y las replicamos con el fuerte anhelo de agendar en nuestros espacios políticos, sociales y laborales esta situación para que las niñas ucayalinas y del Perú entero no sufran violencia sexual, menos un forzado embarazo.

En este lapso, en Ucayali se convirtieron en madres 31 niñas, en Loreto 53. El protocolo para estas abominables situaciones que sufren las niñas ya está establecido, aunque lo ideal sería que el Estado cumpla su obligación y no sucedan, pero la realidad nos golpea y quedan en el completo desamparo, pues, luego del trauma violento, no ha quedado claro quién debe velar por su acceso al kit de la violencia sexual, que constituye un paquete de medicamentos y pruebas de ITS y VIH que el Ministerio Público, durante las investigaciones deben verificar que el personal de salud  haya hecho entrega, de manera inmediata y oportuna, de lo contrario no hay justicia que valga.

Es su derecho y el incumplimiento u omisión cae en delito, como lo recuerda la Defensoría del Pueblo, pues está estipulado en el artículo 21° de la Ley 30364 norma promovida por el Estado peruano con el fin de prevenir, erradicar y sancionar toda forma de violencia contra las mujeres y contra los integrantes del grupo familiar, producida en el ámbito público o privado. De haberse cumplido este protocolo, ese número de partos en niñas afectadas no existiría.

Esta situación advertida por el propio Ministerio de Salud, al dar cuenta el número de menores de 14 años que tuvieron partos tras una violación sexual suma que cada día cinco niñas se conviertan en madres forzosamente; pero las cifras no deben quedar como tales, le corresponde a cada gobierno regional, su dirección regional de salud, redes y microrredes, brindar asistencia técnica al personal de los establecimientos de salud a cargo y supervisar que cumplan con la directiva sanitaria para el armado, disponibilidad y acceso inmediato de las víctimas al kit que aplaque su dolor en medio de traumas y diversas afecciones post violencia.