EL CIRCO DE LAS DETENCIONES

La sacudida palaciega por las contrataciones a Richard Swing escaló a terremoto bastante rápido, derrumbando de un momento a otro la muralla que rodeaba al presidente. El cataclismo alcanzó un nuevo clímax el fin de semana con las detenciones preliminares de Mirian Morales, Oscar Vásquez, Karem Roca y el mismo Swing, además de otras seis personas que habrían tenido alguna participación en la cuchipanda de órdenes de servicios.

El caso Swing no deja de ser grave y merece investigación, pero tanto show mediático deja muy mal sabor, más si es un caso comparativamente pequeño para todo lo que tiene la Fiscalía en cartera. No le encuentro sentido a tremendo despliegue policial y de recursos públicos. Tampoco encuentro justificación a la privación de libertad de 10 personas cuando el caso parece bastante claro. No es un rompecabezas muy complejo de armar.

Finalmente, estamos hablando de nueve órdenes de servicio, personas visiblemente identificadas y una ruta del dinero muy clara. El único sentido que les encuentro a esas detenciones es que el Ministerio Público busca demostrar que no está sujeto a la influencia de Vizcarra o el gobierno.

Estas detenciones ponen nuevamente bajo los reflectores el uso desmedido de las preliminares y preventivas. Ya sea que se estén usando como estrategia mediática para mantener la imagen de una Fiscalía activa o como forma de coerción para que el investigado cante más rápido, ambas están mal. ¿Primero te encierro y luego te pregunto? La normalización de llevar a los investigados tras las rejas bajo criterios laxos y sin un análisis de proporcionalidad sesudo es un riesgo enorme: afecta la libertad de individuos cuando aún no han sido sentenciados y convierte la justicia en un espectáculo popular, lo que puede desenlazar en una vulneración salvaje de los derechos más esenciales de cualquiera. El apoyo al trabajo fiscal no puede ser ciego.

POR: AUGUSTO REY