17 Enero, 2021

El estado de emergencia nos ha traído muchas restricciones y como siempre ha golpeado más a los que menos posibilidades económicas tienen en nuestro país.

Cómo en tiempos de cruentas guerras y sequías y terror sembrado, las valerosas mujeres del Perú, las madres y abuelas que ven en cada rostro de sus hijos y nietos a su cuidado la fuerza, el impulso para levantarse y superar un reto más, lo hicieron una vez más.

Así surgieron los comedores populares en los años 80, en medio de una crisis económica, cuando el país no tenía rumbo, las madres del Perú encontraron la salida. Era vivir o morir y encontraron cómo aliviar el hambre.

Cuarenta años después, un virus paralizó nuestras actividades en todo el mundo, y en nuestro país, las madres y las abuelas y sus familias, recurrieron a la solidaridad y como siempre al ingenio para alimentar a los suyos y a los vecinos y a todos los que lo necesiten.

Mientras el gobierno sólo nos hablaba de confinamiento y buscaba la salida para mal distribuir todo tipo de bonos, estos nunca fueron lo suficiente, ni en número de beneficiarios, menos en cantidad de dinero. Pero ellas firmes nunca dejaron de llevar un bocado de alimento a sus hogares.

Se pudo soportar la rigidez de la pandemia y la crisis económica que acarreaba con las ollas comunes, esas que suelen ser uno de los recursos en huelga, pues esta vez era la salida al hambre. Muchos se solidarizaron con este esfuerzo, les dieron cocinas a gas, para dejar la leña, les llevaron alimentos para mejorar el menú, les llevaron entusiasmo para seguir con su respuesta a la necesidad de alimentar.

Nueve meses después, las ollas comunes no han desaparecido, más bien se han visto fortalecidas a iniciativa de convertir a las lideresas en agentes comunitarias reconocidas para recibir recursos.

Esta noble labor ya ha sido reconocida por la Mesa de Seguridad Alimentaria de la Municipalidad Metropolitana de Lima y anunció el lanzamiento de la campaña “Ollas contra el Hambre”.

Una iniciativa que debe convertirse en política pública para todo el país, para reconocer a las ollas comunes como Organizaciones Sociales de Base mientras dura la emergencia alimentaria y hasta que se supere la emergencia económica, es decir podrían haber llegado para quedarse.

El trabajo en todo el país debe empezar empadronando a las ollas comunes que se sumarían a los ya reconocidos comedores populares y contar con sus veedores para garantizar el uso adecuado de los recursos.

Hambre cero deberá ser un compromiso para atender a las ollas comunes que existen en todo el país, garantizando la seguridad alimentaria y saludable de los que sobreviven en la pandemia en base a la solidaridad y eficiente administración de los magros recursos.  La fortaleza está en las mujeres que encabezan este trabajo.