Más de 400 muertos enterrados de manera clandestina en Loreto

Casi 410 muertos, víctimas de Covid-19 fueron enterrados durante el 2020 en una fosa común de manera clandestina, en el departamento de Loreto. Las familias piden explicaciones al Gobierno Regional de Loreto, quien hasta el momento no ha respondido a los familiares de los fallecidos.
Esta ciudad sufrió más el golpe de la pandemia porque sus hospitales se encontraban abarrotados, los pacientes morían sin recibir ayuda porque los escasos médicos y enfermeras no tenían medicinas ni oxígeno ni capacidad disponible para ayudar a los enfermos. Cientos de deudos escucharon ‘que sus muertos estaban en el cementerio de San Juan, fundado en 2017 y que cuenta con capilla, estacionamiento, muros y vigilancia’.
Joaquín García, otra víctima del entierro clandestino, dice que primero le aseguraron que estaba en un lugar marcado como D24, pero días después le dijeron que la ubicación correcta era D22. “O sea, ¿los muertos han caminado?”, cuestionó al gobierno regional.

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Hugo Torres, actual guardián de dicha fosa, relató que ayudó a descargar los cuerpos de un camión de la Marina de Guerra y a colocarlos en los huecos excavados sobre la tierra rojiza.
Hugo Torres, actual guardián, mencionó que al inicio se excavaban tumbas donde depositaban a tres personas. Luego, cuando inició el aumento de muertes, un tractor realizó excavaciones en forma de rectángulos de más de 15 metros de largo por tres metros de ancho y dentro colocaban los cadáveres en dos filas.
El gobernador regional de Loreto, Elisbán Ochoa, mencionó que esta fosa se trataba de un nuevo ‘cementerio COVID’ construido con urgencia y que había una lista de los lugares donde se había colocado cada cuerpo, y que las autoridades tenían la intención de dar la información a las familias.

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Los medios locales acompañaron la mañana de este jueves a varios familiares que visitaban a sus fallecidos he dicho lugar. La vegetación cumple la función de muro en los contornos y los deudos han adornado algunas tumbas con cruces, fotografías y paraguas para que “las almas no sean mojadas por la lluvia”.
En ese grupo de familiares estaba Adriana Wong, otra víctima de los entierros clandestinos que tenía en una mochila rosada casi una decena de cartas que escribió a su padre desde aquella madrugada de abril del 2020 en que lo vio partir al hospital a su padre.
Ella leyó a un medio local unas cuantas palabras que escribió en su cuaderno, que estaba adornado de corazones: “Extraño mucho las tareas virtuales, todo lo que me enseñabas ¿Dónde te quedaste? Quiero verte y darte un abrazo enorme, me haces mucha falta».


JESÚS HUATANGARI

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