“Estamos viviendo la pandemia del suicidio y sin armas para combatirla”

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Luis Gustavo estaba casado, tenía 28 años y dos hijos. Hace una semana se suicidó, dejando a su mujer y a sus hijos a su suerte. “Mi pareja era una persona muy amable, le gustaba jugar con sus hijos y siempre se mostraba feliz. Es curioso que alguien que despierta tanta alegría por fuera, estuviera así de mal por dentro”, se sincera Patricia, su viuda. “La pérdida fue terrible. Nadie esperaba una desgracia así en la familia”.
“Lo más justo es recordarlo por cómo vivió y no por cómo murió”, menciona el psicólogo Kenneth García Gómez, especialista en Trastornos Sociales. Así también, advierte que desde la llegada de la pandemia al país, la ciudadanía ha tenido que afrontar episodios estresantes que han hecho que pierdan la capacidad de salir adelante, sobre todo al no recibir la ayuda de profesionales en su momento. Esta situación ha despertado a una nueva pandemia, el del suicidio, aquel que no se cura con medicamentos ni con una cama UCI, sino con ayuda psicológica.

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“El miedo al coronavirus, a su contagio y a sus consecuencias letales nos ha afectado más psicológicamente que de forma física. Durante la pandemia las personas han tenido que acostumbrarse a convivir con la incertidumbre de enfermar, de morir. También han tenido que afrontar angustias por la situación laboral, incremento de violencia en hogares, sin olvidar la falsa información a la que se han expuesto gran número de ciudadanos. Todos estos factores estresantes han hecho que las personas pierdan la capacidad de salir adelante”, advierte García Gómez.
¿Cómo detectar cuando alguien quiere quitarse la vida? Todos muestran señales. La persona puede hacer bromas sobre matarse, conductas autodestructivas como cortes o decepciones amorosas. Se puede ver que los padres minimizan las preocupaciones de los adolescentes, es por eso que no se ponen alerta. Con notar que ya no quieren comer, comienzan a bajar de peso, no pueden dormir, ahí es donde está pasando algo y tenemos que estar alertas, declaró el especialista.

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Además, señala que los trastornos mentales pueden llegar a duplicarse después del Covid-19. La pandemia se asoció a problemas de salud mental debido a la morbilidad y mortalidad de la propia enfermedad, por el confinamiento y aislamiento implementados como medidas preventivas. Síntomas de ansiedad, estrés, trastornos depresivos, consumo de alcohol y drogas e ideas suicidas, se incrementaron en el confinamiento.
Para poder evitar que el o la joven lleguen hasta el extremo de quitarse la vida, el padre de familia debe acercarse, lanzarle la pregunta y escuchar, así no le guste lo que va a oír, tiene que saber reaccionar con cordura y ser cuidadoso con las palabras que va a decir. Sobre todo, convencerle a que acuda a un especialista de inmediato.
“Hablar de suicidio se ha convertido en necesidad”. Es erróneo que solo las personas con enfermedad mental plantean, cuestionan y realizan suicidio. La crisis económica, desempleo, pérdida adquisitiva también pueden incidir en él.

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“Estamos en una situación inesperada e incontrolada que ha afectado negativamente el bienestar físico, psíquico y social de los ciudadanos, lo que hace necesario trabajar en prevención del suicidio. La mayoría de las personas antes de cometer suicidio manifiestan verbal o conductualmente su intención”, añadió.
“Declarar el suicidio un problema de salud pública y de interés nacional ayudará a desmitificar y acabar con su estigma”. García Gómez sugiere empezar a bombardear información de cómo pedir ayuda, difundir los números telefónicos a donde llamar para recibir asesoría mental. Los canales están ahí, es lamentable que no se esté utilizando y lo peor, que no se está haciendo nada para que esto funcione. La pandemia del suicidio se anunció el año pasado, pero nadie le hizo caso y las consecuencias son lo que se vive hoy en día.


GABRIELA SÁNCHEZ

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