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Padre Noé: “Mi mayor temor fue vivir los minutos finales de mi vida”

“Dios ama, nos somete a pruebas”, dice el padre Noé Siccha Ruiz, tras recordar que venció al Covid-19 –la enfermedad que hasta lo que va del año se llevó la vida de más de 1 100 personas en la región- “el amor es libre, sano; mucho más el amor de Dios”, prosigue. Sin embargo, aún mantiene vivo el recuerdo de aquella noche donde desconoció dónde estaba y gritaba por volver a casa, porque creyó que moriría en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital II de EsSalud.
El ser un hombre creyente del Todopoderoso no lo libró de sentir miedo. “Mi mayor temor fue vivir los minutos finales de mi vida”, mencionó el sacerdote en una conversación con Ímpetu. Noé Siccha, diagnosticado con diabetes, puso toda su confianza en Dios y luego en los especialistas y aunque perdió 14 kilos durante los dos meses que estuvo internado, nunca dudó de su fe, puesto que durante todo el tiempo que duró su enfermedad, “la mano de Dios intervino”.

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Él (Siccha) encontró una cama UCI disponible, en la época donde eso era lo más cercano a un milagro para pacientes que murieron esperando llegar a una en todo el Perú. El primero de abril una mujer (médica) llamó al sacerdote: “No sé ni quien fue hasta ahora, me dijo que había una cama UCI y me iba a enviar allá, yo acepté sin saber siquiera dónde quedaba eso”, narró.
Siccha cumplió años el 20 de abril, y mucha gente lo llamó. Ese cumpleaños en el nosocomio representó para él “un nuevo nacimiento”, porque fue una experiencia para descubrir el corazón ucayalino, puesto que desconocía que mucha gente lo conocía y lo apreciaba.

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¿Cómo inició su enfermedad?
“El padrecito Noé”,
como le conocen sus allegados, desconoce cómo se contagió, recuerda que fue como una gripe y tos leve, pero por si las duda se fue hacer su prueba del Covid en una clínica, al dar positivo acudió a EsSalud para recibir los medicamentos que requería, sin imaginar que terminaría hospitalizado y tres días más tarde necesitaría oxígeno (hasta ocho balones diarios en su momento más crítico), su salud se agravó al punto de tenerlo bocabajo para que pueda siquiera respirar.
Un once de abril otra mujer llamó al padre, le dijo que esa noche oraran por él para que al día siguiente salga del hospital, y así fue: “una señora me llamó de un centro de oración, me dijo; ‘esta noche vamos a orar para que mañana salgas de alta’, al día siguiente la doctora me dio la alta, fue sin dudas la mano de Dios”, comentó.
En la actualidad Noe Siccha afirma que “le han devuelto la vida” y es porque “todavía hay muchas cosas que hacer en Ucayali”. Agradece el buen trato que le dieron, sobretodo el de un enfermero, fue “su ahijado salvador”, como le gusta decirle, porque desde sus cuidados empezó a mejorar. El sacerdote culminó reafirmando su labor para con la sociedad, basada en el amor.


MARTHA ZACARIAS

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