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Pucallpa

Asesino de Ángela Collazos dice que visita su tumba y quiere recuperar su terreno

“Vivo por una comisaria, no sé si es por la Divincri”, contó sin prudencia Nilton Michel Dávila Cerna, conocido como “El Monstruo de Semana Santa”, por asesinar vilmente a la mujer que decía amar delante de su hija de cinco años y un sobrino. Tras el crimen, huyó de la justicia y de sus captores, y según sus afirmaciones, reside en Pucallpa, lugar donde se supone lo buscan, pero a casi dos meses de su horrendo crimen, la policía aún no dio con su paradero.
Para las fuerzas policiales este hombre es ilocalizable, sin embargo para Diario Ímpetu fue tan sencillo hablar con él y escuchar sus argumentos y que hasta visita la tumba de su víctima, la indefensa madre que encontró la muerte cuando se separó de su agresor.
¿Qué hacía la División de Investigaciones de Delitos de Alta Tecnología cuando Dávila llegó al cementerio del distrito de Manantay? ¿No se suponía que deberían de estar siguiéndole los pasos? Son las interrogantes que no dejan tranquila a la familia de Chelita, el apodo que recibió de cariño Ángela.


“Se me quitó la respiración cuando vi la tumba de Ángela, sentí pena en la conciencia y casi me caigo”, narró en una de las tres llamadas que estableció con Ímpetu, y posteriormente afirmó que volvería al camposanto.
¿Qué tan fácil es para un criminal evadir la justicia? Las acciones de Dávila hacen suponer que es muy sencillo, puesto que a veces va a San Fernando, asentamiento humano ubicado en el distrito de Manantay, camina de noche, dice dar unas vueltas, comer, todo esto dentro de la jurisdicción de la comisaría de San Fernando.
“Voy al kilómetro 10 casi todas las noches, no sé quién ha tomado mi terreno, pero lo voy a averiguar”, prosiguió narrando con preocupación evidente ante la idea de perder su vivienda situada en al asentamiento humano Nueva Soledad donde con ocho machetazos y tres cuchilladas apagó la vida de Ángela Collazos el Jueves Santo, su muerte aún no encuentra consuelo, cuatro hijos huérfanos lloran su ausencia; dos de ellos menores de edad y la última con síndrome de Down.

REQUISITORIAS
La duda sobre de qué está subsistiendo Dávila todo este tiempo fue resuelta por él mismo a Ímpetu. Dice que se encuentra con un grupo de amigos que también están requisitoriados “Es gracias a amigos y amigas que me brindan un plato de comida y que también están buscados por muchos problemas; unos por robo, otros por narcotráfico y otros por sicariato”, dijo.
A decir del escurridizo feminicida, Pucallpa sería el paraíso de los que huyen de la justicia, inclusive se ayudan económicamente entre sí, como ‘una familia’. Desde ladrones hasta sicarios le brindan su amistad incondicional a Dávila. “De vez en cuando me comunico con la familia, cada cuatro días (…) Yo estoy tranquilo ahora, siempre y cuando no me busquen y no me hagan problema” añadió, para luego responder a la pregunta “¿la familia de Ángela debería tener miedo? “Obviamente”, dijo.


¿ARREPENTIDO?
“Estoy arrepentido de matar a la mujer que amaba con todas las fuerzas de mi alma, entiendo que la familia está dolida, yo también estoy dolido, por el hecho que he cometido no puedo descansar ni dormir tranquilo porque la conciencia todos los días me mortifica”, comentó, sin embargo, no tiene el mínimo deseo de entregarse.
Su arrepentimiento no devolverá a la vida a Chelita, por lo que la familia tiene sed de justicia. Según su prima, “no le basta que tengan resguardo policial”, ellos quieren al asesino tras las rejas.
Los familiares de Chelita denunciaron públicamente que estaban siendo amenazados, ante ello, el feminicida se justificó diciendo que lo hizo “porque estaba con cólera, ira, frustración, cansancio, estrés y preocupación”, pero que “ya no iba a hacer daño a nadie más siempre y cuando no lo busquen”.
Lo que decidirá que esté en prisión será “la suerte”, mas no la labor policial, según Dávila. “De entregarme es difícil, el destino lo dirá más adelante. Tengo conocimiento que la policía me está buscando, que me está siguiendo (…) los esperaré; hasta el momento he tenido mucha suerte y eso es gracias a Dios y al diablo”, zanjó.
Hasta la finalización de la conversación con Dávila, este mostró en todo momento interés en saber de dónde lo estábamos llamando, además, sugirió que sea grabado y aunque parezca increíble, pactó una cita telefónica para ser entrevistado nuevamente el próximo domingo a las 3 p.m. porque según él, “tiene mucho que declarar”. Finalmente dejó la comunicación porque “tenía muchas cosas que hacer”.


UNIDAD DE INVESTIGACIÓN

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