Artesana shipiba más longeva del Perú no recibe pensión

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A sus 90 años, Manuela Fernández Maynas conocida como la “Yanasita” (señorita en shipibo) se sienta cada día en la puerta del albergue que recibe a los visitantes en la comunidad San Francisco, ofrece collares y pulseras que elabora, “necesito vender para comer” dice.
Todas las comunidades indígenas están catalogadas como pobres extremos, así lo refiere el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, además, a nivel nacional, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 22% de ingresos de estas comunidades es gracias a la venta de sus artesanías. Y en Ucayali la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo identificó a 2 448 artesanas indígenas. Las mismas que como Yanasita perdieron con la pandemia su única fuente de ingresos.

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“Ahora voy a poder comprar mi jabón y mi detergente”, comenta Yanasita luego de vender tres pulseras. La matriarca toma las monedas y se persigna con ellas. “Gracias hermanito Jesús, gracias mamita María”, añadió.
Manuela Fernández es la artesana shipiba más antigua del Perú, reconocida por el Ministerio de Cultura y en la actualidad forma parte del número de adultos mayores que no reciben Pensión 65, pese a ser pobre en extremo.
¿Cómo nació la artesanía en San Francisco?
Cuando Yanasita era niña, su mamá la trajo a la comunidad junto a sus cuatro hermanos. “Eran tres casitas cuando vinimos, con nosotros cuatro” recordó. En su Español que no es muy fluido y refiere que fue por un extranjero que la venta de artesanías emergió en su pueblo.
“Vino un gringo, trajo mullito (mostacillas) en su collar. Él le ha trozado aquí y le dijo a mi paisano ‘haga arreglar este collar’. Antes no sabíamos hacer collares, hacíamos pulsera ancho con muela de maquisapas, así vivíamos”, narró.

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Luego de esta experiencia con el turista, un miembro de la comunidad elaboró un collar con la mostacilla que sobró y lo vendió en la ciudad de Pucallpa a S/ 1.00. “Regresó mi paisano alegre dijo ‘yo he vendido, cuesta, cuesta caro dice que vendía y otro día lo vendió a S/ 2.00”, prosiguió.
Después de que las mostacillas se acabaron los pobladores empezaron a utilizar otras herramientas de su ambiente, como semillas, raíces y demás. La Yanasita aprendió y perfeccionó la elaboración de collares, pulseras, y adornos. Con el ingreso económico que recibió pudo educar a sus diez hijos, ocho de ellos ya fallecieron y es la familia de uno de sus nietos quien la cuida, sin embargo, estos también perdieron su principal fuente de ingreso, porque son artesanos.


MARTHA ZACARIAS

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