Pobladores indígenas siguen con temor a la vacuna contra el Covid

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Aunque la vacunación indígena contra el Covid-19 comenzó el pasado 4 de julio, muchas comunidades aún se resisten a recibir las dosis debido a que dudan sobre sus beneficios. Las campañas de comunicación se impulsaron sin contar con la participación de las organizaciones indígenas y no avanza al ritmo esperado, informó Berlín Diques Ríos, presidente de la Organización Regional Aidesep de Ucayali (Orau). En Ucayali, se prevé inmunizar a 47.622 indígenas. Los principales líderes de las federaciones locales se han vacunado, pero en las comunidades aún no aceptan la campaña de inmunización.
Berlín Diques, presidente de Orau, señaló que esto se debe a la falta información. “En Iparía las comunidades se han negado a vacunarse por temor. Lo que pedimos es que intensifiquen la campaña de sensibilización, o caso contrario nos indiquen el cronograma para que la organización ingrese previamente a las comunidades, y también contribuya con el traslado de las brigadas. No hay presupuesto para hacer este trabajo”, dijo.

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La campaña de inmunización en las comunidades indígenas comenzó con retraso: cuatro meses después de haber iniciado en las ciudades. Y, a pesar de que los líderes se han vacunado para dar el ejemplo, la aplicación de dosis avanza con lentitud. Los líderes locales sostienen que hubo descoordinación entre las redes de salud y las organizaciones indígenas.
También se han presentado demoras en las campañas de comunicación intercultural por falta de presupuesto. Como consecuencia, muchas comunidades amazónicas no conocen los beneficios de la vacuna contra el Covid-19 y algunas han rechazado el ingreso de las brigadas de salud a sus territorios. Una encuesta realizada por la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (Orpio) y Orau a 462 indígenas de las regiones Loreto y Ucayali, a inicios de mayo, concluyó que la mayoría de ellos (66%) no tenía intención de vacunarse contra el Covid-19 por múltiples razones, entre ellas, la ausencia de información oficial (29,7%), miedo a posibles efectos secundarios (22,5%) y debido a los comentarios falsos sobre los antígenos que circulan en sus redes (13,1%).

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“La inmunización a los pueblos indígenas en las zonas rurales se ha priorizado al tratarse de una población vulnerable, con limitado acceso a los establecimientos de salud y que viven en pobreza extrema; sin embargo, en la práctica aún esta campaña no llega a la mayoría de comunidades”, señala Berlín Diques.
Dicha campaña, promovida por el Ministerio de Cultura, empezó a finales de junio con mensajes radiales en distintas lenguas originarias. Además, se han enviado mensajes de texto y se han realizado llamadas pregrabadas en ocho lenguas indígenas. Sin embargo, en Ucayali existen 16 lenguas indígenas, y aún no queda claro cuál será la estrategia de comunicación hacia estos otros pueblos. Para Berlín Diques, la estrategia del Mincul es limitada, pues no es suficiente con una llamada telefónica ni mensajes por teléfono.

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“Se necesita una estrategia más inclusiva, que se transmita de voz en voz, a través de los mismos indígenas que pueden enviar mensajes correctos a la población, en su propia lengua. Si no se corrige esto, la vacunación no avanzará en el territorio indígena”, indicó. Algunos de los temores en los pueblos indígenas están relacionados con la desinformación sobre las vacunas o ideas religiosas extremistas como, por ejemplo, que la vacuna causa infertilidad o que representa el “sello de la bestia”. Otras, como la creencia de que el antígeno les causará la muerte para ser despojados de sus territorios, están relacionadas más bien con la desconfianza generada entre los indígenas por décadas de amenazas y ataques impunes.
“Sienten que es una traición desacreditar a las plantas, a las que han recurrido a lo largo de los años y recientemente en época de pandemia. Por eso se les debe informar en su propia lengua y revalorar la importancia de la medicina tradicional. También explicar por qué se viene aplicando la vacuna”, recomendó.

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La vacunación en las comunidades se realiza sin distinción de edad y con un enfoque territorial. Es decir, cuando una brigada de salud llega a una localidad indígena, aplican la vacuna a todos los habitantes mayores de 18 años, de manera voluntaria. No siguen un cronograma ni límites de edad. Hasta la fecha ya se ha empezado a vacunar en la comunidad indígena Nuevo San Juan, también en el distrito de Masisea. Este trabajo próximamente alcanzará a más de 20 comunidades nativas que registra la región.
“Llegar a cada una de ellas puede tomar horas o días de recorrido a pie y por río. Por ello, la Diresa continúa haciendo denodados esfuerzos para iniciar el barrido en las zonas alejadas y proteger a este grupo de peruanos vulnerables”, concluyó Juan Salas, director de la Diresa.

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