Los feminicidas que busca el Perú

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En lo que va del año, el Ministerio del Interior mediante su Programa de Recompensas, puso en su lista de buscado a 26 requisitoriados por el delito de feminicidio. Uno de los asesinos concretó su crimen en la avenida Centenario hace cinco años atrás.
Según el último reporte del Programa Nacional Aurora, hasta julio el Centro de Emergencia Mujer (CEM) atendió 84 casos de características de Feminicidio y 177 casos de Tentativa de Feminicidio, sin embargo, se estima que la cifras reales sean mayores, debido a que existen algunos casos que no fueron tipificados como feminicidios en sí.
Como lo que le ocurrió a Suni, una adolescente de 12 años que fue violada y asesinada a una cuadra de su casa ubicada en el distrito de Curimaná, el principal sospechoso es su primo. Sorprendentemente su muerte fue tipificada como homicidio, por lo que la Defensoría del Pueblo tuvo que solicitar que se le tipifique por lo que es, un feminicidio.

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Costo por las ‘cabezas’
El beneficio económico por la información que permita la capturar de los feminicidas varía de S/ 15 mil a S/ 50 mil. Asimismo, la recompensa puesta por Kenny Daniel Pinedo Sánchez, el único feminicida –por el momento- cuyo lugar de requisitoria es en la región (Coronel Portillo), es de S/ 20 mil.
Pinedo lleva prófugo de la justicia casi cinco años y desde hace dos meses no formaba parte del Programa de Recompensas, situación que actualmente comparte el prófugo y feminicida, Nilton Michel Dávila Cerna, a quien la División de Investigaciones de Delitos de Alta Tecnología de la Policía Nacional del Perú no puede localizar desde abril, pese a que realiza y recibe llamadas. Inclusive este medio se comunicó en más de dos oportunidades con él.

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“Le disparó delante de sus hijas”
El 5 de junio del 2016, Melissa Sifuentes Paredes (27), recibió una serie de disparos, de una escopeta hechiza, por parte de Pinedo, cuando se encontraba en su cama jugando con sus hijas.
El impacto dejó postrada a la joven madre, debido a que afectó su columna, y eventualmente murió. Sifuentes fue trasladada hasta el hospital Bravo Chico (El Agustino), donde permaneció internada, luego de que le sacaran los perdigones y la operaran en la columna. Cuando fue dada de alta, comentó a otros medios que tenía miedo de volver a la región, porque su expareja podría terminar lo que había dejado inconcluso, el asesinarla, sin embargo, fueron las secuelas de las heridas del brutal ataque lo que la mató primero.

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Oídos sordos al clamado
Tres denuncias le hizo Sifuentes al feminicida antes del ataque final. Esta narró a la policía que la intentó ahorcar y atropellar, pero al parecer no fue suficiente para que los ‘efectivos’ le brindaran resguardo policial o detuvieran al agresor.
Aparentemente las instituciones hicieron oídos sordos al clamor de la joven madre, quien terminó convirtiéndose en una cifra más, que cinco años después sigue sin encontrar justicia. Al igual que ella, Ángela Collazos Arimuya, la víctima de Dávila Cerna, también intentó denunciar a su agresor, pero (según versiones) para la comisaría de San Fernando las pruebas que presentó no fueron suficientes, inoperancia que también la convirtió en una víctima más.


MARTHA ZACARIAS

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