Enfermeras del Perú conmemoran su día en plena lucha contra el Covid-19

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El 30 de agosto, se celebró el Día de la Enfermería Peruana. Y hoy más que nunca es necesario rendir homenaje a estos profesionales, cuya encomiable y sacrificada labor, es fundamental en la lucha contra el Covid-19, que aún se sigue librando en los hospitales y establecimientos de salud de la región.
Desde 1955, esta fecha coincide con las festividades realizadas en honor a Santa Rosa de Lima, considerada la Patrona de las enfermeras peruanas. Su gran gesto hacia los que menos tenían, llevó a que hoy en día, más de 87 mil peruanos ejerzan la carrera de enfermería, dedicando sus días a esta labor de atender y proteger a los enfermos.
La licenciada en Enfermería, Maruja Ipushima Ochavano, labora en el área de Emergencia del Hospital Amazónico. Siempre recordará, con dolor y tristeza, lo vivido en los primeros terribles días de la pandemia, el 2020. Los nosocomios habían perdido su capacidad de atender pacientes, se trabajaba sin la protección de la vacuna y se hacía frente a una enfermedad nueva que estaba matando a muchas personas, incluidas sus colegas.
Pero una de las situaciones que más recuerda es que muchos peruanos no pudieron ayudar, ver, abrazar y despedirse de sus seres queridos, a causa de las restricciones impuestas para evitar los contagios. El caso de una pareja de esposos la conmovió en el alma.

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“Vi a un paciente en silla de ruedas con oxígeno discutiendo con el personal de seguridad, me acerqué y le pedí que me esperara. Al cabo de una hora, el señor desapareció, lo busqué por todos lados, hasta que lo encontré en un cuarto. Cuando le pregunte, me dijo entre lágrimas que reclamaba porque quería estar al lado de su esposa (internada en Emergencias, al igual que él). Lloré con su relato, pero lamentablemente ella no sobrevivió a esa noche, nunca más pudieron verse”, dijo con profunda tristeza Maruja.
Ipushima tiene claro que su labor la enfrenta al riesgo de contagiarse del virus. A pesar del tiempo transcurrido en la lucha contra la pandemia, su familia se preocupa y entristece cuando ella tiene que ir a trabajar. Sus compañeros que perdieron la vida se han convertido en sus ángeles guardianes, dice.
La gran satisfacción que siente al saber que su paciente está a salvo y es dado de alta la llena de fuerza y motivación. Incluso, algunas le dejan cartas de agradecimiento por su dedicación para situaciones en las que cualquier ser humano puede perder la calma. Hay pacientes colaboradores y otros que, por su temperamento, consecuencias de su tratamiento o enfermedad no ayudan mucho en la tarea de protegerlos. Eso es parte del trabajo y para eso ellas están siempre presentes.
“Ser enfermera significa curar, cuidar. Como siempre digo: si no puedes curar, alivia y si no puedes aliviar, consuela”, acotó.
Ser responsable y respetar las medidas de prevención sin bajar la guardia, pide Sara Zamora. Sería su mejor regalo por el Día de la Enfermera, para que esta pandemia acabe pronto, todos podamos volver a abrazarnos sin tener ese miedo de contagiarnos, y fundamentalmente su familia no se sienta triste cada que a ella le toca servicio.

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LO MÁS DIFÍCIL DURANTE LA PANDEMIA
Por su parte, Nelly Sonia Ferreyra, jefa del Servicio de Enfermería del Hospital Amazónico indica que “Lo más difícil fue ver morir a los pacientes Covid que llegaban al hospital y sacar fuerzas cada día para la lucha contra esta pandemia. Dios me dio fuerzas y siempre tuve el apoyo constante de mi hospital y de mis colegas”.
Nelly señala que esta pandemia llegó para quedarse y la sociedad debe aprender a convivir con ella. “Las personas deben entender que es necesario vacunarse, ello disminuye el riesgo de una complicación que puede llevarlo a la muerte”, enfatiza al comentar las noticias de que muchas personas no están acudiendo a los vacunatorios instalados, precisamente, para salvarles la vida.
Para esta valiente mujer, el 30 de agosto es una fecha especial para todas las enfermeras, ya que se reconoce, conmemora y se celebra a la columna vertebral de la salud en el país.
“Tuvimos que aprender cosas a la fuerza, veíamos como las personas morían a cada rato, tener esa sensación de saber que todos necesitaban un ventilador mecánico y tener que seleccionar y priorizar. ¡Es una sensación de impotencia, puesto que queríamos salvar a todos y no se podía!”, manifestó.
Para esta enfermera, un agradecimiento con lágrimas en los ojos, era suficiente para saber que nunca se equivocó de carrera. Su vocación de servir nació siendo muy joven, cuando al presenciar accidentes, se frustraba por no saber qué hacer ni cómo ayudar.
En este día, el mejor regalo para ella, es cuidarse y cuidar a quienes más la aman, porque un solo descuido puede hacer peligrar su entorno más preciado: su familia.


GABRIELA SÁNCHEZ

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