Acoso sexual, hasta en el Congreso de la República

Dada la Ley de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual N° 27942, hace poco menos de medio año, ésta se ha convertido en un arma eficaz para poner freno a los abusos socialmente aceptados y que desde la fecha de su promulgación, en septiembre del año pasado, ha identificado como tal “a toda conducta de naturaleza sexual u otros comportamientos de connotación sexual, no deseados o rechazados por la persona contra la cual se dirige y que afectan la dignidad de la persona”.
Los casos que han ido tipificando dentro de este delito, deben ser producidos en las relaciones de autoridad o dependencia en cualquiera de sus formas, sea implícita o explícita, y de allí podemos observar las serias dificultades que encuentran las víctimas hostigadas cuando se trata de encuadrar las situaciones en las que se ven envueltas y procuran castigar al hostigador.
Los casos van tomando forma, quedando de manifiesto que no solo se trata de situaciones a las que someten generalmente a las mujeres en sus centros de estudios, centros laborales o en las calles, sino que mancha también a la política incrustándose en las más altas esferas del Estado.
Recuerdo que hace unos veinte años atrás, la controvertida Susy Díaz fue elegida congresista de la República y vaya que su campaña fue sui géneris, con mucho del estilo de La Cicciolina, actriz porno y política en Italia. Susy en el Perú fue muy clara y directa siempre denunció que era acosada, lo manifestó en pleno Hemiciclo, el escenario acostumbrado a los debates, acalorados e interesados, nadie le hizo caso, no había forma de que respeten su condición de mujer; pero si las propias parlamentarias la discriminaban, imaginamos los varones, peor. Denunció que inclusive un congresista, cuyo nombre ya no quiere recordar, intentó violarla en su despacho, otro que en los Pasos
Perdidos le cogió de la cintura susurrándole sus bajezas; claro, se trataba qué duda cabe, de una vedette que quiso incursionar en política, qué tal atrevimiento y por ello la estereotiparon.
Pero la ley 27942 ha entrado en las venas de las mujeres que ya no callan, y lo hizo la actual congresista Paloma Noceda quien denunció acoso de su homólogo Luis López Vilela, nada menos que la sede congresal, tocamientos que a la parlamentaria le causaron asco y aunque sucedió en 2016, lo denunció cuando debatían en el pleno la suspensión
a Moisés Mamani por tocamientos indebidos. López fue suspendido por 120 días. Lo más reciente, el hostigamiento
de un periodista a la congresista Marisa Glave, lo hacía no solo en el Congreso, sino hasta en las redes sociales. La determinación fue inmediata, no permitirle ni el ingreso y menos que se le acerque a la parlamentaria.
Pero la sociedad castiga estas denuncias, se leen todo tipo de opiniones de quienes sienten y creen que es normal el acoso sexual a las mujeres, por qué recién hablan, es lesbiana, está picona, una tocadita no es delito, en fin nefastos comentarios que esperemos no ennegrezca los objetivos que persigue la ley, y más bien se afi ance su cometido en otras esferas y en todo el país. Un ejemplo, en la Universidad Nacional de Ucayali, acaba de cerrar un ciclo académico y el hostigamiento a las alumnas ha sido pan del día. Inclusive hoy no solo exigen sus burdos placeres sexuales, sino que exigen dinero. Las autoridades universitarias deben dar las facilidades para que las alumnas y claro los alumnos también puedan demostrar las propuestas que reciben para salvar un curso. Qué absurdo, no se sigan haciendo de la vista gorda que el hostigamiento se da año tras año y cada vez con total e imponente descaro.
Por lo demás, saludamos el avance de la justicia y la igualdad de derechos.

Carlos Lopez

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