Karu Modu no olvida los ojos sin alma del terrorista que la dejó vivir a cambio de presenciar la muerte de su esposo y de su hijo. Al primero le dispararon y al pequeño le cortaron el cuello. En llanto, arrastrándola, los militantes de Boko Haram la sacaron de su pueblo y durante dos años la mantuvieron secuestrada en una zona remota del estado nigeriano de Borno hasta que logró escapar junto a un grupo de mujeres y sus hijos. En el camino a Maiduguri, seis niños murieron de sed y al llegar a la ciudad, nadie se acercó a ellas por miedo a que se hubiesen radicalizado.

Este testimonio, recogido por el diario británico “The Guardian”, sirve para tomar conciencia de que hay zonas de África que siguen siendo, como decía el escritor portugués José Saramago, el apocalipsis cotidiano. Tan solo en Borno (Nigeria) se registraron 1,4 millones de desplazados el año pasado. Más que el millón de refugiados que cruzaron el Mediterráneo rumbo a Europa. La ONU calcula que 17 millones de africanos han huido de sus hogares por las guerras y las hambrunas. De ellos, el 93,7% sigue moviéndose dentro del continente y solo el 3,3% está hoy en Europa.

— Éxodo y miseria — 

Países como la República Centroafricana, Chad, Mali, Níger, Nigeria, Somalia, Eritrea, Sudán del Sur y Sudán padecen el tormento de estar desangrándose hace años y aun así nadie parece ser capaz de ubicarlos en el mapa. Seguramente Dadaab no nos suena a nada, y se trata del mayor campo de refugiados del mundo, un lugar construido hace 21 años en el noreste de Kenia para alojar a más de 90 mil somalíes que escapaban de la guerra civil. Hoy alberga a más de 350 mil personas (el 93% somalíes) que viven en chozas con tres kilos de maíz cada 15 días.

Las autoridades locales creen que Dadaab se ha convertido en un nido del grupo terrorista somalí Al Shabab, vinculado a Al Qaeda. A inicios de este año el Gobierno buscó cerrar el campo, pero una orden judicial frenó esta clausura que puede generar un caos mayor, ya que el 60% de la población de Dadaab tiene menos de 17 años y nunca ha salido de ese lugar. Mudarse a Somalia significaría llegar al país más corrupto del mundo, según Transparencia Internacional, donde la guerra interna ya lleva más de 20 años y el riesgo de una hambruna, como aquella que cobró 258 mil vidas entre el 2011 y el 2012, es cada vez más serio.

La vecina Etiopía ya alberga a casi 700 mil desplazados que han llegado desde Sudán del Sur, Somalia y hasta Yemen. Y además enfrenta la mayor sequía en 50 años y un déficit de 948 millones de dólares para atender a los 5,6 millones de personas que, según el Gobierno, no tienen garantizado el alimento este año.

— Yihadismo en auge —

En el otro extremo del continente, Boko Haram ya provocó el éxodo de más de dos millones de personas. Médicos Sin Fronteras asegura que en Camerún se concentran 86 mil refugiados nigerianos y que 190 mil cameruneses han tenido que dejar sus casas.

Para ellos no existe el retorno a una vida normal, mucho menos en una zona que es una gran paradoja. Mientras el norte de Nigeria es semidesértico, pobre y musulmán, el sur es cristiano y rico en petróleo. En el país más poblado de África, que en el 2014 llegó a ser la mayor economía del continente, el 70% de sus habitantes vive con menos de US$1,25 al día.

A un paso está Níger, el país más pobre del mundo (el 45% de su economía depende de donaciones de otros países), pero el quinto productor mundial de uranio, que lejos de favorecer a su población, alimenta a las centrales nucleares europeas y permite que Francia, por ejemplo, obtenga el 75% de su electricidad a través de esta energía. Y al lado, Mali, el tercer productor de oro de África, cuyo norte se lo disputan milicias yihadistas que van dejando 280 mil desplazados.

— Generaciones perdidas —

En noviembre del año pasado, Médicos Sin Fronteras aseguró que en Borno ya casi no ven a niños menores de 5 años en los puestos de salud. El hambre y los casos de malaria y sarampión están arrasando a pequeños que si sobreviven sufrirán secuelas el resto de sus vidas. Pero, además, los hospitales y los colegios se han convertido en puntos de reclutamiento para grupos armados.

Según Unicef, hay 300 mil niños soldados captados en 17 países de África. Por ejemplo, la mitad de los militantes de Al Shabab son menores de edad. Unicef cree que al menos el 40% de todos los menores relacionados con milicias son niñas, que son víctimas de violaciones sexuales.

— Raíces y secuelas —

Ryszard Kapuscinski decía que Occidente arrastra la culpa no solo de la larga historia de esclavitud y colonialismo, sino de la configuración del África independiente y de sus fracasos. El reparto que realizaron las principales potencias coloniales en 1855 creó una división artificial que es la base del caos actual. “Hay muchas regiones donde una tribu vive repartida entre varios países. Sus miembros hablan el mismo dialecto, comparten la misma cultura y la misma religión, pero son ciudadanos de países distintos”, explicaba el periodista polaco y añadía que al abandonar África los europeos no dejaron tras de sí ni infraestructura ni cuadros de profesionales. “De manera que, en el momento mismo de nacer, los jóvenes estados africanos no estaban preparados para la vida. Eso fue muy propicio para el caos, los disturbios y el florecimiento de la corrupción”.

Hoy el continente que alberga al 65% de las tierras cultivables del planeta, pero tiene al 48% de su población viviendo con menos de US$1,25 al día, arrastra una serie de problemas que no puede resolver con sus propias fuerzas. El norte (donde sobresale la crisis libia), la zona subsahariana, la parte tropical, lidian con sus propias particularidades, pero tienen en común el drama de no poder despegar sin la ayuda de un mundo que parece estar interesado en sus materias primas, pero no en sus desgracias.

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