Dos Líderes kakataibo, Marcelo Odicio, presidente de la Fenacoka, y el dirigente Willy Pino, la semana pasada llegaron a Lima, en busca de apoyo de las autoridades del gobierno central para enfrentar las amenazas de la expansión del narcotráfico, tanto en tierras de las comunidades, como en el territorio de la Reserva Indígena Kakataibo Norte y Sur que abarca los departamentos de Ucayali, Huánuco y Loreto.
Lo primero que informaron los dirigentes es que, hasta la fecha han sido asesinados seis de sus dirigentes y todo hace prever que no ha terminado esta escalada de violencia contra quienes defienden sus territorios del avance de colonos que se dedican al cultivo de coca.
Como demostración de este avance, mostraron informes de sobrevuelos realizados sobre este territorio donde se consignan no solo sembríos de coca, sino también campamentos de elaboración de drogas y pistas de aterrizaje para avionetas que transportan la droga, desde esas zonas boscosas alejadas, hasta destinos fuera del país.
Junto con el narcotráfico, la otra amenaza es la tala ilegal de árboles maderables.
“Cuando nosotros denunciamos el peligro que enfrentamos por el narcotráfico, la tala ilegal y la presencia de colonos que se apropian de nuestras tierras, no solo actuamos en defensa de nuestros territorios. También estamos en defensa de nuestros hermanos que están en situación de aislamiento y que, igual que nosotros, corren peligro. Las enfermedades o la violencia contra ellos, porque no tienen cómo defenderse, podría desaparecerlos”, dijo Marcelo Odicio, presidente de Fenacoka, al diario La República de Lima.
La Federación Nativa de Comunidades Kakataibo (Fenacoka), agrupa a una docena de comunidades asentadas entre Huánuco y Ucayali. Ellos no solo protegen sus territorios, como el de la CN Sinchi Roca que se ve amenazada por colonos que abiertamente afirman que ingresarán a las tierras comunales, sino que, además, la Federación se moviliza para proteger la Reserva de los PIACI, es decir de los no contactados, antiguos pueblos Kakataibo, conocidos como Kamano o Kashibo.
Según consigna La República, el crimen organizado tiene un ‘modus operandi’ en la zona: se organizan como colonos, crean caseríos y se asientan ahí, muchas veces con el apoyo o la complicidad de una autoridad regional. Esos colonos aparentemente se dedicarían a la agricultura o ganadería, pero en realidad son la avanzada del crimen organizado: siembran coca que va a dar al narcotráfico o se apoderan de territorios para la tala ilegal. Cuando los kakataibo quieren defender su territorio o denuncian ante las autoridades, llegan las amenazas o incluso la muerte.
“Este es un problema que enfrentan hace muchos años, pero se vio agravado a partir de la pandemia. Eso llevó a que las actividades ilegales fueran más fuertes, que las mafias se sintieran más confiadas de amenazar o atacar a los líderes. A los dos meses de pandemia es que asesinan al primer lider kakataibo, que era Arbildo Melendez, de la comunidad de Uni Pacuyacu y a partir de ahí ha habido seis asesinatos”, explicó Miguel Macedo, del Instituto del Bien Común (IBC), que monitorea el tema y facilitó la llegada de los dirigentes kakataibo a Lima.
En estos días tendrán una serie de reuniones con funcionarios. Se espera que esta vez escuchen sus reclamos.
De no ser así, según han referido, solo les quedará reforzar su Guardia Indígena para enfrentar a los invasores de sus territorios, aunque saben que esto no será nada fácil.
El problema parece complicarse cada vez más, mientras las autoridades ucayalinas no reaccionan o no quieren brindarle la atención necesaria.