Despedida a un amigo

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El mundo se rinde ante la aciaga pandemia, que en su segunda ola se muestra mortal y tenebrosa, asesina implacable y silenciosa, macabra y traicionera, que cual descarnado brazo de la muerte se posa en la humanidad del fatalmente escogido para apartarlo de nosotros lento pero inevitable.

Parece que ayer fuera cuando, estando encarcelado, tu voz me reconfortaba amable y solícito entendiendo mis razones, mis quejas y quebrantos por las injusticias que me llevaron a prisión. No te conocí físicamente, pero si escuchaba tu voz, te reconocía.

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Cuando obtuve mi libertad, allí estabas tú, esperando conocer al preso que invocaba injusticias en su detención y sabiamente escuchaste y dijiste lo que quizá sabía pero quería escucharlo de la voz amiga; nos saludamos y reforzamos la amistad que nos unió hasta hoy que obediente partiste al llamado de Dios, nuestro Señor, dejando un gran vacío en todos los que tuvimos la suerte de ser tus amigos y, más aun, en tus familiares quienes lloran amargamente tu desaparición.

Wagner Villacrez Lanchi, el doctor, el periodista, el hábil facilitador de negocios, el amigo, la persona humana que supo ganar amistades y como todos también por circunstancias de la vida se distanció de otros, pero ese eras tú, amigo, no había que preguntarte por tu opinión pues lo dabas libremente, no te importaba agradar a nadie, solo decir lo que piensas, sesudo para criticar y denunciar, valiente para enfrentar las críticas de quienes no comparten tu opinión, sin perder la calma, escuchar cuando tenía la misión de aconsejarte o criticar algún acto tuyo.

Cuantos días hemos almorzado juntos sin dinero, al crédito en mi pensión o cenado antes de despedir el día pensando que el mañana será mejor, que lucharemos por que nuestro Perú cambie, que existan oportunidades para todos, que nadie sufra hambre, que la educación sea distinta y la seguridad sea mejor. Juntos buscábamos información del país asiático Singapur y proponíamos emular en el Perú. Soñar nunca costo nada y a nadie habría de ofender nuestros sueños.

Algo tenías guardado, ¡eras cantante!, en silencio grabaste tus discos en los que acuñaste como un sello particular la frase: “Yo soy Wagner”, me sorprendiste gratamente y escuchábamos tus canciones. Pero el destino está escrito y las medidas sanitarias impuestas por el Gobierno a la llegada del mortal virus COVID 19, nos encontró distantes, tú en tu natal Pucallpa y yo en mi tierra por adopción, la calurosa Sullana.

Piensa en grande y tus hechos lo serán….esa actitud fue tu fortaleza, en Pucallpa, a donde llegaste a trabajar en televisión y luego a dirigir una empresa televisiva (Uranio TV), rebelde con el sistema, incrédulo con la pandemia, fustigabas a los corruptos y sus malas políticas con la firmeza del convencido que nuestro pervertido sistema debe cambiar.

Fue el virus maldito el que infectó tu cuerpo y poco a poco fue corroyendo tus fortalezas hasta reducirte a una cama de hospital donde luchaste por tu vida palmo a palmo, en batalla singular con un rival desconocido pero tremendamente mortal, hasta que el 25 de enero, rendido por el fragor de la lucha, partiste al llamado del Señor dejando tu material existencia en este valle de lágrimas para, junto a Dios, nuestro Creador, velar por quienes quedamos llorando tu partida.

Hasta siempre, amigo; descansa en paz, hermano; nuestro Dios te acoja en su reino; solo nos llevaste la delantera. Hasta pronto, Wagner Villacréz Lanchi.

JM

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