«Por fin se va Torres»

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La esperada renuncia del premier Aníbal Torres se produjo, finalmente, hoy. Una gran noticia política desde todo punto de vista, si se considera el rol penoso y confrontacional que Aníbal Torres se había empeñado en desplegar desde que asumió el encargo.

Su salida obliga a una recomposición del gabinete y es ello lo que genera más expectativa, porque probablemente el Premier sea nuevamente alguien igual o más obsecuente que Torres, porque ese es el estándar político del presidente. No toleraría un Premier independiente, de amplia convocatoria, con juego propio, con capacidad de nombrar un gabinete tecnocrático y autosuficiente.

De los que están, los únicos que en verdad debieran quedarse son el ministro de Economía, Oscar Graham, y la titular de Energía y Minas, Alessandra Herrera. El resto es penoso y el caso del canciller César Landa, profesional calificado y competente, resulta deleznable por su obsecuencia política, que ha ensuciado para siempre su foja de servicios y trayectoria académica.

No tiene sentido entusiasmarse, creyendo que Castillo ha entendido la relevancia de tener un gabinete con ministros competentes, autónomos, conocedores de la problemática de su sector, con capacidad de ser interlocutores de los agentes privados que lidian con cada portafolio.

En absoluto, y seguramente las próximas horas confirmarán que tendremos más de lo mismo, salvo que su desesperación por la supervivencia en el poder lo lleve al camino de la sensatez, cosa bastante improbable.

Es el quinto gabinete en menos de un año, signo claro de que la inestabilidad política y la zozobra social que transitamos es obra y responsabilidad mayor del Ejecutivo, no del Congreso, ni de los empresarios y mucho menos de los medios de comunicación, como trata de imponer la narrativa oficialista.

Es un gobierno que solo va a sobrevivir el tiempo que el Congreso demore en romper la línea claudicante que hasta el momento ha tenido, aguantando todas las majaderías del oficialismo, sin ser capaz de fiscalizar correctamente, ni de proponer salidas, que tiene a mano, para superar la crisis, y mucho menos con ánimo e impulso para emprender reformas legislativas relevantes.

No le deseamos buena suerte ni buen porvenir al expremier Aníbal Torres. Su paso por el Premierato ha sido vergonzoso y ha sido factor de discordia, profundizando, en lugar de aliviarla, la crisis política por la que el país transita. Ojalá nunca más tenga algún protagonismo político.

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